Carta
de consejos infalibles contra los amores ingratos
Ésta
es para comunicaros que vengo leyendo en esta web dedicada a las
cartas, muchas de ellas, donde se da cuenta de tristezas y
desamores.
Como
ahora tengo un ratito libre, me place escribiros esta carta para ver
si arreglamos esos inconvenientes.
Si
se sufre de amor ingrato, ¡ay dios que amargura!
eso no tiene buen trato, pues
esa herida no aguanta sutura;
los puntos cardinales del alma serán un invierno, que no podrá
calentar ni una gran hoguera, ni un reconfortante cuenco de caldito
de ave, y como bien dice don Lope, quien lo probó lo sabe..
Las
penas con pan son menos, esto no lo dijo don Lope, es un dicho
popular. Así que un buen crucero por el caribe ayuda y mucho, si lo
podéis costear..
El
Catarro, un ocioso del barrio muy popular en su casa a la hora de
comer, dice esto otro:
no me deis consejos, darme dinero. ¿Para
el viaje imagino?
Pero
no pretenderéis que escurra mi bolsa, tan cojitranca y maltrecha
como anda mi economía, así que tendréis que conformaros con los
consejos, a estas horas en las que todavía no he probado ni una
sola gota de alcohol.
Por
supuesto os brindo gratuitamente y si animo de lucro estos consejos,
aunque ahora que se acerca la navidad, nunca viene de más un
detallito, pongamos por ejemplo, una cestita con licores y viandas típicas
de estas fechas, siempre será bien recibida y mejor consumida.
Bueno
vamos al grano, que los asuntos del desamor hay que cogerlos a
tiempo si no queréis acabar chalados mirando a la luna grandota,
mirando la luna de gato viudo, con baba resbalando por las comisuras
de la boca y un embudo en la cabeza. Los consejos que fulminaran al
mal de amores, que obraran milagros en vuestra amarga pena son
estos:
Salir
corriendo de debajo de la cama de manso pretendiente, con un pañuelo
de kamikaze anudado en la frente, largaros del purgatorio, de la
buhardilla sepulcral del poeta despechado, bien agarraditos a la
cintura de los reyes del mambo, dispuestos a escribir inolvidables
crónicas sociales y convertiros en el lobo de todos los saraos, de
todos los corrales.
Sacar
a pasear la osadía y cometer el delito de robar la moto más
potente del séptimo de caballería, y derrapar por el alambre, por
el filo de un haz de luna, blasfemando como enajenados, bajando de
tres en tres los peldaños, sabiendo que atrás dejáis la apatía y
el más borde de los desengaños.
Y
es que no es recomendable quedarse en casa bordando iniciales en los
pañuelos, o descorriendo los visillos y espiando la calle por si
llega el cartero, a no ser que este sea Brad Pitt, unos obreros en
camiseta imperio que beben refrescos bajos en calorías u otros
mancebos de buen ver y mejor pecar.
No
paséis el tiempo impacientándose con el teléfono, recortando el césped
o las rosas del jardín, solo hacerlo en caso de que desde ahí se
divise mejor la piscina de la vecina, esa famosa modelo tan desnuda
y mullidita toda ella.
Apuntaros
al deshielo; qué comienza la dicha de los pasacalles, los desfiles
y los carnavales, tú en primera fila, bonita, qué suena la música
de una orquesta pachanguera, a bailar sin piedad, aunque seas un
patoso de cuidado o la mismísima estatua de la libertad.
Abrir
los casinos, cerrar los garitos, levantaros en pie de guerra, ser
imprudentes ¡coño!,
no permitáis que en el vecindario os conozcan como la lánguida
solterona besa sapos del tercero cuarta, o el majareta y tonto del
culo, hijo de la señora Engracia, tiraros en brazos de los guiños
y chascarillos del cabaret, y no rechacéis las invitaciones a
bombardear los sobrecargados bulevares del desengaño; acabar de
estirar los amaneceres tomando churros con chocolate en Can Matacán,
y apuntaros a tocar el trombón en la estrepitosa banda municipal.
¿Beber
para olvidar, agarrar una buena curda? de vez en cuando va bien,
pero no recomiendo tomarlo por rutina, se suele acabar gimoteando
patéticamente sobre el hombro de un fastidiado cantinero, no olvidéis
que es mejor mantener la cabeza fría, que no se debe bajar la
guardia; dios no lo quiera, porque en cualquier calle, esquina o
vado, por la espalda a traición podemos recibir el puñal infecto
del pasado.
Evitar
los ocasos cuando evocadores fondean en la dársena, no frecuentéis
los parques donde a última hora del domingo crecen las parejitas y
las caricias, no contempléis la lluvia tras los cristales, hay que
salir a saltar con los ojos cerrados y a la pata coja los charcos,
rehuir las baladas añorantes de los inmigrantes, puestos a
desafinar cantar las coplas procaces y soeces del camionero y del
albañil, y sobre todo no salgáis de la cama el día de San Valentín.
El
flagelo y la mística, es buena para un par de paradas de autobús,
para largos viajes, es mejor llevar la maleta llena de “esto
es lo que hay” o bien repleta de “a otra cosa mariposa”
Lo
recalco otra vez por si no entendisteis, hacer de corazón tripas,
sacaros lustre y brillo, ponte guapa de la muerte, viste el frac de
los pingüinos más elegantes, y tira de bastón, chistera y
guantes. Dejar el batín, las penas y las zapatillas mirando el
televisor, mover el trasero del tresillo del moho, dejar tirados los
complejos y el rosario, y partir raudos y feroces a cerrar
cicatrices de mano del olvido, y si el cuerpo lo precisa, presentar
vuestros respetos y visas a las lubricantes y casquivanas hijas
de la “bien
paga” al brioso y
musculado boy que con tanguita de serpiente, prepara el asalto
armado a vuestros asuntos pendientes.
Aprender
pues a olvidar al perjuro tenorio que se llevo hasta los despojos,
al maquillado pellejo que no dejo bajo la almohada tan siquiera una
nota que diga: ahí te pudras chaval. Si os dieron el portazo y os
dejaron el corazón hecho unos zorros, si el perito de la compañía
de seguros lo declaro siniestro total, jugar de nuevo al pica pared,
a la gallinita ciega, y con el disfrute de descubrir de nuevo al niñ@
que pervive todavía en los huesos, seguro que borrareis sus
pegajosas adherencias y olvidareis sus pecados, como se olvidan las
botas agujereadas, las direcciones antiguas o los paraguas
desvarillados.
Dejemos
que el lánguido oxido del otoño anide en ese árbol y suavemente
lo deshoje, y esperemos mientras rellenamos el parte de sucesos, que
arribe por fin la primavera o en todo caso el don impetuoso de otro
amor.
Mientras
eso ocurre, no cometáis el desatino de empezar ayuno de soñar y de
vivir, si os robaron el corazón no tratéis de ocultar el sol,
también podéis probar a realizar carreras pedrestes, escalar los
catorce ochomiles, alistarse a la legión extranjera. Pero si aun así
andáis a dos velas, no tenéis paz, ni apetito, solo desgana con
vacas flacas; y nada de lo escrito sana el alma, mantener la calma,
no caer en la chaladura, secaros esas lágrimas de ricino, guardar
la cicuta en rama; para casos extremos, desesperados y terminales,
existe la posibilidad
de curaros con los clásicos, los clásicos del humor, claro,
venirse arriba, reponeros inmediatamente con las descacharrantes
aventuras de Mortadelo y Filemón, y con esos dos bribones, recordar
que la risa nunca falla como redención.
Ya
nada más puedo deciros, se acaba el tiempo en el que me dejan
descansar y me liberan de la camisa de fuerza, ahora debo concluir
esta carta, se acerca la hora del bañito de agua fría y del
electroshock, espero que estos consejos os sean de utilidad y
encontréis alivio y aún no sea del todo demasiado tarde para
vosotros. Os mando un saludo cordial a todos, sobre todo a mi madre
la señora Engracia que me estará leyendo.