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Cartas de otros junios (del archivo de Cartas Sin Sellos)
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Cartas 2007
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Cada mes iré rescatando algunas de las cartas que fueron publicadas en CARTAS SIN SELLOS en años anteriores. Gracias a todos los que habéis contribuido, con vuestras cartas y vuestro apoyo, a construir este espacio de comunicación en Internet. |
Índice de Cartas Archivadas
| Cartas imposibles de otros junios | Cartas imposibles de otros julios | Cartas imposibles de otros agostos | |
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CARTAS IMPOSIBLES DE OTROS JUNIOS |
2006
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24 de junio de 2006 SERÁ ELLA ¿Cómo decirle a la
persona que amas que la necesitas? ¿Cómo explicar un sentimiento que
me quema por dentro y que tan solo puedo escribirlo…? |
2005
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2 de junio de 2005 CIERRO PARA SIEMPRE LA PUERTA DE AQUEL COCHE Apareciste en mi vida
por casualidad. Una noche de fiesta, un bar con poca luz, algunas
copas de más y ganas de olvidar. No sé si los planetas se alinearon
aquella noche, no sé si el destino jugó con nosotros, pero en el
maremagnum del fin de un verano nuestras miradas se cruzaron y la
noche hizo el resto. |
2004
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2 de junio de 2004 SE ME ENREDARÁN EN EL PELO No hay
forma de darte mi voz. No es que tú no quieras cogerla; es que ella
no se deja alcanzar. Es una pelota loca que bota y rebota, te golpea
en la frente, en la sien, en el olvido, y se aleja aullando versos. |
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17
de junio de 2004 TUS
AMIGAS NO ME QUERÍAN Hola Rosa; |
2003
| Wendy, 22 años,
Nuncajamás
6 de junio de 2003 |
Para ti que conoces el sufrimiento de las noches solitarias y mojadas de llantos. Comparto la historia de aquella muchacha que tanto quieres. Te voy a contar qué pasó con ella. Te voy a contar por qué ha cambiado, pese a que sé que nunca vas a leer esta carta. Todo empezó cuando la miré después de tiempo. No había podido encontrar en sus ojos el encanto de otras veces. Ya no sabía sonreír con ellos. Lo había olvidado. El alma estaba apergaminada, tal vez por sus innumerables recorridos, y estaba perdiendo la memoria. En la última época había envejecido, aunque seguía siendo una niña (a veces se avergonzaba de ello, sin palabras, claro está), pero la piel no importa si el alma está bien. Sin embargo en este caso, no estaba. Había aprendido a actuar para no mostrar lo que realmente sentía. Era algo difícil al principio. Poco a poco le fue más fácil. La verdad es que lo hacía con la mejor de las intenciones: evitarle el sufrimiento a sus seres queridos. Gané su confianza y logré que me contara. El proceso era algo complicado. Primero había que reunir todas las emociones cercanas al llanto, la tristeza, la melancolía o a la depresión. Lo siguiente era comprimirlas para que ocuparan menos campo en la memoria, en el corazón y en el cuerpo. Una vez realizados esos pasos, era necesario inventarse una sonrisa para disimular el dolor de haber mezclado y encogido tanto sentimiento. Eso ayudaba. La sonrisa casi siempre mejoraba el ánimo. Los músculos suelen resentirse si uno no sonríe con frecuencia. El disimule sale algo fingido. Conviene darse unos masajes ligeros alrededor de las comisuras. Luego se debe sonreir y volver a la neutralidad de costumbre, varias veces, seguidas y a escondidas. Es más un ejercicio que ha de practicarse en los ratos de ocio. Eso asegura la verosimilitud de la sonrisa. Ya con la sonrisa en los labios, es más fácil. La gente cree que estás feliz. Era cierto, a ella se lo creían. Además, tenía todo para ser feliz. Pero esa palabrita es tan ambigua, tan signo cero... tan indefinible... o con tantas definiciones como personas en el planeta. De todas maneras, ella no era feliz. Era desdichada, desgraciada, un manojo de melancolía y de emociones encontradas. Sí, porque llega un momento en que te llegas a creer tu propia mentira. Entonces ya no sabes qué es lo que realmente sucede. Y a todo eso, llega el llanto que se escurre por los ojos con cualquier excusa. Basuritas, viento, un bebé hermosísimo, una mujer que se muere bajo la nieve después de haber dormido en la calle... y finalmente en la soledad, no se necesitan excusas, simplemente salen las lágrimas y el dolor ahogado flota hacia fuera, oprimiendo el pecho, de tan grande que es. Y se quiere gemir, pero cuesta, porque alguien podría escuchar, porque se insiste en no preocupar a los otros. Porque si los gemidos suenan, los otros, los que no la quieren, podrían alegrarse de su mal momento. Nada sería más humillante. La descubrirían débil. La nueva técnica aprendida es llorar hacia adentro. Sufrir sola, con los llantos que mojan los órganos llenos de sangre, los pulmones, los riñones, intestinos, el corazón... Todavía no se conocen los efectos, pues la ha adoptado hace muy poco. En cuanto a la técnica en sí misma, es más difícil que la otra. Es algo instintiva y por lo tanto casi imposible de explicar. Ya no hay sonrisa, tal vez alguna muy leve cuando se cae en la debilidad y alguien está a punto de darse cuenta de la situación. Por lo general se pone mirada de sordo, y se va uno a navegar en su propio llanto. No se lo ha dicho a nadie más. Pero creo que es necesario que otros lo sepan. Tal vez sienten lo mismo. Quizás ella no es la única, ¿qué crees? Yo la quiero mucho y no quiero que sufra más. Sé (espero) que tú tampoco. Habla con ella, por favor. Se está muriendo. Ya se está marchitando, no quiero verla tendida e inerte. Ayúdala. Espero que nos encontremos pronto. Me hubiera gustado decirte estas cosas de frente. |
| Manuel, 38 años,
Madrid, España
11 de junio de 2003 |
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Hoy 4 de Julio, te escribo una carta
que jamás te enviaré. La fecha es sólo una excusa, siempre hay
algo que celebrar o algo de lo que lamentarse en este mundo cargado
de vidas. |
2002
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2001
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Que ironía, todo este chiste
mal contado que llamamos vida no es tan malo sólo que está mal
contado sólo con el tiempo podrás entenderlo y morirte de la risa. |
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