Un lugar de encuentro para los amantes de las palabras, de la correspondencia, y de la comunicación sincera.

(Página Principal)

 

Cartas de otros junios 

(del archivo de Cartas Sin Sellos)

 

Cartas 2007

Cada mes iré rescatando algunas de las cartas que fueron publicadas en CARTAS SIN SELLOS en años anteriores. 

Gracias a todos los que habéis contribuido, con vuestras cartas y vuestro apoyo, a construir este espacio de comunicación en Internet. 

 

 

Índice de Cartas Archivadas

Cartas imposibles de otros eneros

Cartas imposibles de otros febreros

Cartas imposibles de otros marzos

Cartas imposibles de otros abriles

Cartas imposibles de otros mayos

Cartas imposibles de otros junios Cartas imposibles de otros julios Cartas imposibles de otros agostos

Cartas imposibles de otros septiembres

Cartas imposibles de otros octubres

Cartas imposibles de otros noviembres

Cartas imposibles de otros diciembres

(Índice de Cartas Imposibles)

 

¿Quieres enviar una carta? 

Haz clic en el buzón y lee las recomendaciones. 

 

CARTAS IMPOSIBLES DE OTROS JUNIOS

 2006  

La muchacha del semáforo, 19 años, España

10 de junio de 2006

VOS DEBIÓ PERDONARME

Estimado amigo, amigo...

Sabes que frecuentaba estos lugares y que algún día tendría que escribir. Pero nunca imaginaste que fuese para ti, querido amigo.

Porque a veces la amistad duele mucho, mucho más que el amor. Y es contigo, amigo, con quien me he dado cuenta.

“No hasta dos, ni hasta diez, sino contar conmigo”. Amigo, te encontré en este camino de incertidumbre allá por otoño. “Quien duda existe, sólo morir es ciencia”... mas yo nunca dudé de vos. Quise ver en tus ojos el paraguas que un transeúnte me ofreciese para proteger mi abrigo y la felicidad que estaba en su bolsillo. Y vive Dios que lo vi. Pero yo hubiese querido que el paraguas fuese para siempre, en primavera y en verano incluso. Y ya no está, ya no lo tengo. Me siento sola por la acerca de la izquierda. Amigo, “yo quisiera contar con vos”. Pero vos no está ahí. Y me duele mucho, amigo, mucho más de lo que vos se imagina.

La sombra de otra mujer y sus extrañas circunstancias me alejaron de tus flores de papel. Mi propia sombra y mis errores remataron la faena. Pero un amigo perdona, y vos debió perdonarme. Porque vos era mi amigo.

Otros hombres me cogieron del brazo y me llevaron de paseo. Con qué otros muchos soñé en mis solitarias noches y cuántas veces acudí llorosa a tu regazo para que me consolaras. Siempre lo hiciste sin más. Porque vos era mi amigo.

Mas ahora ya no sé nada de vos, de mi espejo (“quiero decir que para verme tenía que mirarte”). Ya no tengo a quien decirle “unas pocas palabras”. Nadie con quien quejarme del “te llaman porvenir porque no vienes nunca” o del “estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo”, o quizá sencillamente nadie con quien leer “El arte de la guerra” en un banco o correr apresurada a tantos sitios a los que llegar tarde. “Esos días azules, ese sol de la infancia”, diría Machado. Y vos no está conmigo para compartirlo.

No es que su rostro de vos mire a otra parte. Es que se da la vuelta ante mí. Y me traiciona, me traiciona y es poco leal conmigo. Y sin embargo, amigo, no puedo odiarle ni evitar sentir esta angustia en la boca de mi estómago. Porque si usted es mi amigo y un traidor, yo diré como Benedetti que “más lo primero que lo segundo”, aunque siempre pese sobre mí la duda del posible “y viceversa”.

Querido amigo, espero tantas cosas que no se cuál de ellas escribir. Por una parte olvidarme de tan dolorosa amistad, por otra gritarle lo mucho que te odio por tu deplorable comportamiento, por excusarte siempre en una herida del pasado, por haberme mentido al decir que nuestra amistad era pilar de tu vida. Y sin embargo  como conclusión sólo me queda un pero.

“Pero es necesario
sentir un cuerpo aquí junto al costado.
Ya sé por qué razón
yo quise siempre, siempre, trabajar junto a ti”

Querido amigo, “Scripto iaze esto, sepades, non vos miento”. Espero impaciente la imposible réplica a esta carta imposible. Pero...
“Pero estaré entonces tan lejos de ti
como ahora tú de mí en este semáforo”.

Con mi mejor amistad.

 

Ya no sé quién soy, 34 años, España

10 de junio de 2006

SE SUPONE QUE HABÍA TOMADO UNA DECISIÓN

Hola, me encuentro fatal. Se supone que había tomado una decisión hace años. No quiero entender el por qué apareces de nuevo en mi mente y me vuelves todo  del revés. Una parte de mi tomó esa decisión hace ya varios años. Tú saldrias de mi, tú no eras real, sólo eras una ilusión que no me llevaría a nada bueno. Sabía lo que quería, por una vez en mi vida tomé una decisión,.... todo eso que parece tan adulto, con lo que me tendría que sentir bien, más madura, más segura, más normal... que M. de vida, de decisión, que M. de mi... no me soporto en estos momentos ni soporto tu supuesto recuerdo, porque, en verdad, se ha borrado la imagen que tengo de ti. ¿Lo entiendes tú?, supongo que si, es tu trabajo.

Sé que no me vas a arreglar la vida, sé que no te conozco, no sé si te gusté alguna vez como mujer, probablemente no te volveré a ver. No voy por donde se supone que puedas estar, aunque reconozco que en el fondo me gustaría ver por una agujerito que ha sido de tu vida , o mejor dicho, conocer qué es tu vida. Nunca lo supe y nunca lo sabré.
 Estoy enfadada conmigo misma. Me pareció verte el otro día, por ese sitio. dónde te conocí, pero no sé si eras tú.
Tanto psicólogo, tanta supuesta madurez y el saber que era lo que quería , tanto olvidarte y disfrutar de lo que tengo, tantas cosas que se deben acercar a lo normal y que se supone que me hacían sentir bien... para que se aparezca alguien que me recuerde a ti después de tantos años y me descoloque de mi sitio... no sé si ahora va un punto y coma, me odio por todo esto, me odio, pero no puedo odiarte a ti.
Espero que por favor esto se vaya de mi, que sólo sea cosa de estos momentos, que vuelva a ser yo, la que tomó una decisión, la madura, la sensata... pero no llego a ninguna parte.
No tienes la culpa, pero yo tampoco. Que llegue mañana... por dios, y que vuelva a ver las cosas bien. ¿Mi amor?

 

Lillian, 28 años, D.F., México

16 de junio de 2006

QUÉ BUENO QUE NO ME CONTESTES

Me imagino que te preguntas por qué si te digo que lo nuestro ya se acabó, no dejo de escribirte al celular. Y es que no puedo. Estoy concentrada en sentirme bien, pero de repente los recuerdos de nuestras cosas me sobresaltan... y no puedo evitar extrañarte y preguntarme qué hubiera hecho si esto no hubiese pasado. Si no te hubieras ido así, sin decir adios.
Trato de no pensar, de convencerme que todo va a estar bien... pero te traigo metido hasta la médula y me cuesta mucho acpetar esto. Los meses que estuvimos juntos han dejado una marca en mí misma que voy a llevar toda mi vida.
En buena parte, pienso que es una suerte que no estés porque en el lejano caso de que me buscaras, en este momento no tendría fuerza para decirte que no. Por eso qué bueno que estás lejos, que bueno que consideres quedarte allá y no regresar. Cada día que pasa es un día más que tengo para olvidarte... No es algo seguro, pero mientras mas tiempo pase, mejor.
Mi gran desventaja es que contigo estuve por amor.... y ahora estoy con él por voluntad, teniéndote clavado como todavía te tengo en el corazón.
Quisiera saber que piensas... pero qué bueno que no me lo dices, qué bueno que no me contestas los mensajes. Mejor para mi, sea lo que sea que estés pensando. No podría seguir adelante con mi fuerza de voluntad, me derrumbaría. Pienso que ahora ya debes estar cansado de tanto que te escribo... pero eso me diría que entonces no fui para tí lo que me dijiste siempre: tu amor, tu princesa, tu corazón.

Y de cualquier manera yo tendría que olvidar.

Pero cuánto trabajo me cuesta....

 

Anónimo, 19 años, España

24 de junio de 2006

SERÁ ELLA

¿Cómo decirle a la persona que amas que la necesitas? ¿Cómo explicar un sentimiento que me quema por dentro y que tan solo puedo escribirlo…?
Estas fueron tus últimas palabras. Una vez más se me vuelve a plantear la duda de porqué no estás a mi lado. Pienso que si verdaderamente me necesitaras tanto como dices no dudarías ni una milésima en saciar tus sentimientos. Pero no eres capaz. Al menos no tanto como yo creía. Con el paso del tiempo me has demostrado que a tu persona le supera la cobardía y, ante ello, no he podido hacer nada.
Siempre empiezo diciendo que estoy cansada de todo esto pero, hoy no lo diré. Hoy no.
Sé que aún me queda paciencia  y tiempo  para soportar este suplicio.
Es por eso que hay veces en las que me acabo desbordando y que aunque colme una y otra vez, me volveré a vaciar para escuchar una vez más tus palabras, tus promesas, tus mentiras disfrazadas de sueños…
Mi amor no pide nada. O eso escucho yo, que este tipo de amores solo necesitan de la propia persona.
Sin embargo yo no tengo ni eso. Excepto cuando tú crees que es el momento de vernos y entonces así lo hacemos. Es cierto que no me importa pasar el tiempo entre paredes contigo pero, si supieras la envidia que me da cuando paseo con mi vida y me cruzo con parejas que ya tienen a sus bebés y se les ve tan felices… Quizá parte de esa felicidad la forme mi propia imaginación pero, yo daría años de mi vida, órganos de mi cuerpo, me conformaría con un pulmón, si por un día, solo por un día pudiéramos ser igual de felices que esas personas.
Esta noche como todas las anteriores dormiré sola. ¿Y tú? Con ella.
Necesitaré tus abrazos, tu calor corporal, tus caricias, apoyarme en tu pecho y sentir tu respiración… Pero me moriré del frío, me abrazaré yo misma, acariciaré mi cuerpo creyendo que eres tu el que lo acaricias ya que no estarás a mi lado si no con ella. Le entregarás todo lo que yo necesito. Pero yo tendré que conformarme con tus palabras.
Mañana necesitaré verte, pero no lo haré. No podré hacerlo. Solo será ella la que lo haga porque así son las cosas y así es como me las has enseñado. Y hasta el día en el que yo no sepa aceptar que estoy fuera de tu vida, no dejaré de ser la misma idiota de siempre.
Algún día, cuando mi paciencia se derrame tanto que no queden ni gotas con las que puedas convencerme, lamentarás durante los años que te queden de vida, haber alimentado a un amor de hechos, y al otro de palabras. Lamentarás haberte quedado con una vida que hubieras cambiado pero que por cobarde ni si quiera te lo planteaste.
Yo seguiré mi camino por oscuro que se quede. Encontraré alguien a quien amar y que me ame. De obra y de palabra. Sin citas a escondidas, lloraré solo por los errores y no también por las alegrías, seré feliz…
Pude haber sido todo, pero no me dejaste que fuera nada.
Hubiera esperado todo el tiempo de mi vida. Pero no me diste ni la posibilidad en eso.
Ella estará siempre a tu lado. No me cabe la menor duda. Pero tu corazón me pertenece y eso, no lo podrá cambiar nadie. A pesar de que ella “esté” para calmar tus necesidades y de que yo solo “llegue” para satisfacer a tus deseos.

 

2005

 

Beatriz, 26 años, España

2 de junio de 2005

CIERRO PARA SIEMPRE LA PUERTA DE AQUEL COCHE

Apareciste en mi vida por casualidad. Una noche de fiesta, un bar con poca luz, algunas copas de más y ganas de olvidar. No sé si los planetas se alinearon aquella noche, no sé si el destino jugó con nosotros, pero en el maremagnum del fin de un verano nuestras miradas se cruzaron y la noche hizo el resto.
Besos en las calles, lluvia, conversaciones eternas, besos... la noche se hizo día y el amanecer nos sorprendió en un portal como niños de quince apurando el último beso.
Tras aquella noche no esperé tu llamada porque esperaba otra que nunca llegó. Pronto me acostumbraste a tus mensajes, a conversaciones interminables vía internet,... a ti. Llenaste el vacío que otros besos dejaron y me acostumbré a tu presencia.
Si me preguntan en qué momento, cuál fue el día o el instante en que crucé la delgada línea que separa el juego del fuego no sabría decirlo. Pero crucé y ambos dejamos que el fuego nos quemara.
Me hiciste ver que era posible vencer al miedo, que el amor no siempre significa renuncias y dolor. Me llevaste de la mano por un mundo del que siempre huí y te seguí.
Recorrí las noches de un invierno lluvioso de tu mano, amanecí en tus brazos, me abrigué en tu pecho, bebí en tu boca, tus manos dibujaron mi cuerpo al tiempo que las mías recorrían tu piel, nuestros labios se unieron en una sola boca y dejamos que el tiempo se detuviera en un instante mágico.
Y de pronto, sin saber por qué ni cómo, el hechizo se rompió. La realidad arrasó nuestro espacio, el miedo nos venció y todo se volvió vacío. La distancia, las mil cosas que se interponían en cada intento de cita, mi miedo, tu recién estrenada libertad, mis ansias de volar... Nos venció la vida y como empezamos terminamos.

Un bar, poca luz, dos cafés, dos bocas que se buscan, cuatro manos que no quieren separarse, unos ojos que no pueden apartarse de otros ojos. Y un adiós susurrado en la noche.
Adiós. "No digas adiós" dijiste. Sonreí con la mirada triste y mi boca mintió al decir "hasta pronto". Cuando la puerta de aquel coche se cerró ambos supimos que aquella había sido la última vez que nuestras bocas complices se unirían ansiosas...

Desde entonces busco la forma de decirte adiós en mi corazón y por fin hoy, con esta carta, cierro para siempre la puerta de aquel coche, sabiendo que aunque te quedes en mi interior ya no serás nunca nada más allá del recuerdo de un invierno lluvioso en el que jugamos con fuego...

 

 

Felipe Ponce, 22 años, Santiago, Chile

11 de junio de 2005

CARTA I

CARTA I

PRELUDIO:

Partiré explicando
que esto no es un poema
ni yo su poeta.

Aquí escribo una carta
(así que no la lean)
una carta para ti,
solo para ti.
Una carta
que nunca leerás
(repito;
este no es un poema
ni yo su poeta)

OBSERVACIÓN:

Al no poder
salirme del yo
escribo con la mas
sincera vanidad

POEMA (OJO)

Te amo tanto
pero creo que te olvido.
Jugué a ser poeta
y tu mi poesía.
Parece bello,
pero no lo es.

CARTA:

Fueron mis manos
y no la poesía
las que tocaron
tu cuerpo.

En mis ropas
todavía encuentro
restos tuyos.
Pero en mis poemas
ni en los de otro
te he vuelto a ver.

Mi error fue amarte
y solo amarte.
Porque como dijo Lorca:
“El amor es tan importante
como la comida pero no alimenta”

 

 

Jose Luis, 29 años, Guadalajara, méxico

21 de junio de 2005

VOY A REGALARTE MI AUSENCIA

Nunca pretendí que a raíz de mi accidente te sintieras culpable, o que me trataras diferente, pero me hubiera gustado que entendieras que te necesitaba y que en lugar de decirme tantos "te quiero" por teléfono, me hubieras ido a visitar más veces.
Quizás debo ser más comprensivo y entender que tuviste muchos días de soledad, quizás tu debieras ser más comprensiva y entender que fueron muchos días sin ti.
Te amo y todos los días te lo digo de mil modos, pero parece que tú no entiendes todos esos idiomas, ni ese lenguaje, ese código que hace mucho invente para ti y que crei que ya habias aprendido a descifrar.
Me siento agotado, agotado de esperar y de esperarte, de haber creado expectativas sobre ti y sobre mí, de haber idealizado esta relación que sólo existe en mi imaginación. No olvido que mañana tenemos una cita y voy a ir, te llevaré a ese lugar al que siempre quisiste ir, y quizás después de haber cumplido tu último capricho, empiece a regalarte mi ausencia.
No me voy a ir muy lejos, pues a donde quiera que vaya tu recuerdo me perseguirá, simplemente quiero dejar de amarte con dolor, se que voy a recordarte toda la vida, que me has dejado marcado. Después de mañana voy a regalarte mi ausencia y ojalá te siente bien.   

 

 

Playa Girón, 24 años, Madrid, España

26 de junio de 2005

EN CIERTOS CUADERNOS

En ciertos cuadernos, resisten ciertos poemas, que sobrevivieron allí al amarillo del tiempo y llegaron hasta esta tarde de junio para clavárseme en el alma. Uno de ellos, en concreto, lo escribí la tarde aquella en que estábamos en la playa y empezó a llover, y ahora que lo leo con perspectiva, sigo sin explicarme cómo fui capaz.
  En ciertos cuadernos, resisten ciertos poemas, que sobrevivieron allí al amarillo del tiempo y llegaron hasta esta tarde de junio para clavárseme en el alma. Uno de ellos, en concreto, lo escribí mientras pensaba tres veces en la misma cosa, y ahora que lo leo con perspectiva, sigo sin explicarme cómo fui capaz.
  En ciertos cuadernos, resisten ciertos poemas, que sobrevivieron allí al amarillo del tiempo y llegaron hasta esta tarde de junio para clavárseme en el alma. Uno de ellos, en concreto, lo escribí con tinta sangrada por la certeza de no volver a tocarte, y ahora que lo leo con perspectiva, sigo sin explicarme cómo fui capaz.

 

2004

 

ZuM, 28 años, España

2 de junio de 2004

SE ME ENREDARÁN EN EL PELO

No hay forma de darte mi voz. No es que tú no quieras cogerla; es que ella no se deja alcanzar. Es una pelota loca que bota y rebota, te golpea en la frente, en la sien, en el olvido, y se aleja aullando versos.

   Me pregunto dónde cabría tu nombre... A mí se me sale por los poros y por la boca; lo encuentro tan inabarcable que me asombra verlo encogido tras las letras de un DNI. Claro que tu verdadero carnet de identidad son tus ojos. O tus dedos. O ese rictus serio que te asola cuando algo no va bien.

   Qué extraña manera de esperarte, haciendo nudos en la memoria para olvidar que te espero. Después no me acordaré de deshacerlos y por la noche se me enredarán en el pelo. Y al alba, como ayer, llevaré tus recuerdos en los bucles. Los verías si te fijaras, pero ni siquiera ves el sol.

   Es duro morir callando. Casi tanto como vivir en silencio.

 

Rebeca Flores, 42 años, Hace días que no salgo de Margreis, México

4 de junio de 2004

LA LUZ SE CAE...

La luz se cae...

Con alivio recibo los relámpagos. Después de todo hablar fue sólo eso, insensato sería hacer una revisión de lo latente. En esta zona de incendios, inevitable que no haya heridos de muerte.
Entonces de otra forma las voces se reflejan, naturales. Ya no importa el color, en eso estamos de acuerdo. Sólo la memoria es la última llamada de este escándalo.
¿Qué le digo al cuervo? ¿Cómo explico tanta tinta negra? ¿Qué al café, a la música? ¿Cómo? Para que entiendan que la luz también se cae, que el deseo a veces no es un buen regalo, que al conflicto también se juega.
Es cierto que abrir historias es un riesgo, que activar ventanas un peligroso oficio. Que la música sigue aquí, en los delirios personales y que estos rostros que no somos, a golpe de mirar nos reflejan para siempre nuestros infiernos.
Esas ventanas cuentan voces, conectan motivos, abrazan alientos. Permiten rozarlas con los dedos. Aquí viajamos cercanos, migratorios. Aquí giramos, pasamos frío, sed, lluvias, hojas secas, telarañas.
Lejos del árbol, lejos de ti, la tarde es una mariposa dejando espacios, jirones, sombras.

 

Manuel, 26 años, Coruña, España

15 de junio de 2004

CON GANAS DE ESCAPAR

Dudé en ir a la iglesia, apenas ayer me había prometido que no lo haría, pero como pasa con muchas de las promesas que me hago cuando se refieren a ti, ésta también la hice a un lado y fui hasta donde estabas.
Sentía los nervios a flor de piel cuando entré al templo, te busqué con la mirada y por fin de encontré... te veías tan linda... vestida de blanco, con ese peinado que últimamente has adoptado y que te hace lucir tan bien, tú no me veías, pero yo sí, tenía toda la vista para mí.
Tu hermano me vio y el padrino también, ambos me sonrieron, yo sonreí también y nos saludamos con la mirada, la ceremonia seguía desarrollándose, tú no volteabas hacia mí, no te habías dado cuenta que ahí estaba yo, luego de unos minutos, en cuanto tuvo oportunidad, tu hermano te dijo que yo estaba ahí y por fin posaste tus ojos en mí, yo quise disimular que estaba mirando hacia donde estabas, pero nuestros ojos se encontraron... con tu mano izquierda me dijiste adiós y yo te regalé una triste sonrisa... sentí muchas ganas de llorar, pero también ganas de huir, de escaparme, de  desaparecerme de tu vida y que no volvieras a saber de mí, pero ahí seguí... viendote de lejos, con ganas de llorar, de desaparecerme, de escapar, de ser más de lo que soy, ganas de estar contigo, de estar más cerca, en fin, ganas de tantas cosas...
La ceremonia terminó y había el bullicio de tanta gente, era mi oportunidad de escaparme, de dejar todo, permanecí inmóvil por unos segundos, o minutos, no supe cuánto tiempo pasó, no sabía a donde ir, mis piernas no me respondían.
Por fin, pude dar un paso y me dirigí hacia ti, ahí estábamos frente a frente,  primero saludé a un conocido y luego a ti, tú me abrazaste, yo traía las manos ocupadas y no pude abrazarte, me dijiste “soy otra” y te contesté que sí, te miré a los ojos, no se que viste en mi mirada, pero yo creo que te diste cuenta de la enorme tristeza que reflejaba de sentirme tan lejos y tan cerca de ti.
Quisiste darme explicaciones de lo que había pasado un día antes al telefono, te dije sinceramente que no había problema, la verdad no era el lugar ni el momento para dar explicaciones, además qué caso tenía ya. De todas formas prometiste que luego me explicarías.
Saludé entonces a tu familia, a tu hermano sí pude abrazarlo y hasta felicitarlo, le dije a tu mamá que me retiraba y me pidió que me esperara, pero yo tenía prisa y me dirigí hacia la salida, tú ya te habías movido y quizás pareció que al ir yo también a la salida, te seguía, pero no era asi, yo ya me iba, tenia cosas que hacer  que no me permitían quedarme, además no era mi deseo hacerlo, lo dije desde un principio ¿no?
Te diste cuenta que me iba y entonces volviste tus pasos hacia mí, nos miramos otra vez, en nuestra mirada había tristeza y quizás amor, me abrazaste, esta vez también te correspondí, me dijiste te quiero mucho, mucho, mucho, no sé cuántas veces lo repetiste, no recuerdo si yo tambien te dije cuanto te quiero, me apretaste fuertemente y suspiraste hondamente, como si quisieras transmitirme todo lo que en ese momento sentías, las lagrimas amenazaban salir de mis ojos y de los tuyos ya se asomaban, tenías la mirada roja, entonces lo vi a él, no sé qué pasó, pero él también se veía triste o quizás cansado. Nos saludamos, pero no pude gastarle la broma de siempre, tenia un nudo en la garganta que me impedía hablar, ya no aguanté más, si lo hacía iba a romper a llorar y no quería hacerlo, no frente a ti, así es que opté por lo más sensato, irme de ahí, tocaste mi hombro y me dijiste "que Dios te acompañe" , "nos vemos" te contesté, por fin pude encontrar la salida. Mis ojos estaban arrasados en llanto, el día era bello, aun con todo mi dolor la tarde lucía esplendorosa, al igual que tú.          

 

Ratón, 30 años, Cádiz, España

17 de junio de 2004

TUS AMIGAS NO ME QUERÍAN

Hola Rosa;

Sé que nunca leerás esta carta. Tal vez sea ésa la causa por la que escribo.

No sé si a ti te asaltará la duda de lo que nos pasó. El caso es que una tontería, cuando éramos niños, nos marcó para toda la vida. Parece mentira... Tus amigas no me querían.

Hoy sé, que cuando la vida nos volvió a unir de "conocidos", sentiste algo por mí. O tal vez por lo que sentías por mí.

Tanto tú como yo nos casamos con otras personas. Buenas ambas, pero ¿y nosotros? ¿nos veremos algún día?

 

Paz, 45 años, Villa del Mar, Chile

21 de junio de 2004

PAPÁ, MI REGALO

PADRE QUISIERA

Se acerca tu Día, Padre, y no sé qué regalarte, creo que lo tienes todo, ¿me equivoco? Esto que seas tan poco comunicativo me complica porque debo adivinar. ¿Y si no acierto?  No sé de tus sentimientos pero sé del patio que cuidas, de rosales, calas y hortensias. Será que para quererte he necesitado de interrogarte tanto.  Que esta carta me limpie de  pecados, si te he dañado. Papá, este escrito es mi regalo y me costó escribirlo, no sé por qué. 

 

Isadora, 35 años, Lyon, Francia

23 de junio de 2004

ESOS SÁBADOS DE BAR

La madrugada del domingo me reveló a alguien que pareciera me fue enviado desde arriba. Ahora sé que siempre que puedes hablas a más no poder, pero tus palabras hicieron juego con mis expectativas y anhelos postergados. Y yo, que suelo silenciarme "a más  no poder", no pude articular las frases de un modo más claro, apenas negué, apenas asentí.

No obstante, en el fondo estaba en plenitud, ecuánime y tranquila, a pesar del barullo que nos rodeaba. Cigarro, alcohol y desvelos: resolvimos tratar de dejarlos atrás. ¿Y cómo fue que, de la nada, me dijiste que ése no era mi sitio? ¿Cómo fue que me preguntaste qué esperaba de esas salidas nocturnas, llenas de ligue y asedio?

Sugeriste que quizá sentía nostalgia por el pasado. Lo sugeriste tú, con más años que yo, y todavía inmerso en el humo, las copas, la seducción furtiva. Te dije que para mí no era más que un "dejar pasar", nada más que un "mirar la vida", porque, de hecho, por más intercambio de miradas y sonrisas, me sabía fuera, me sabía lejos.

Quizá me ofendí un poco, pero eso no te lo dije. Para ser honestos, tocaste un punto débil, el de mi evasión: ¿cuántas cosas haría, cuántas metas alcanzaría, cuántas horas dormiría si renunciara a esos sábados de bar?

Y sin embargo, me reconfortan, son un puerto, un refugio: el encuentro con mis amigas, la autocomplacencia de saberme mirada, quizás deseada, un poco mareada, platicar y, más que eso, la posibilidad de vivir la noche hasta el amanecer. Había sido un juego, casi incuestionable, pero ahora, luego de tus palabras, se ha vuelto un reclamo.

Te dije que algo me estorbaba en los últimos días y me parece que lo celebraste. No importaron mis amigas que, curiosas, esperaban incorporarse a la plática. No importaron los comentarios de quienes nos miraron tan juntos, tan compenetrados. "No le hagas caso, siempre echa el mismo rollo", me dijo uno de tus amigos, mas tú seguiste hablando y yo seguí escuchando.

Hubiera querido cerrar la noche/madrugada contigo, pero nos levantamos. Se supone que vendrías pero te quedaste. Media hora después llamaste y la comunicación se cortó y desde entonces, nada, o debo decir, desde entonces esta espera intermitente que se da un tiempo en los recesos del trabajo y los pendientes de la casa.

Si he de hacer mía tu frase, de que nadie es de nadie, entonces me será suficiente con darte las gracias por haber compartido conmigo la hora más fina, cuando estaba más dubitativa que nunca. No obstante, haciendo a un lado las llamadas "formules de politesse", lo que más ansío es volver a escucharte y hacerte una propuesta de Locura a medias tintas.

(Querido personaje de Libra: cruzaré los dedos y haré una oración de 3 días, como cuando era adolescente y deseaba reencontrarme con un príncipe encantado).

 

Sonia Bel, 20 años, Barcelona, España

25 de junio de 2004

INCLUSO

¿Sabes?, ha pasado tanto tiempo que a veces olvido por qué te sigo amando. Pero lo sigo haciendo, incluso cuando no sale el sol y llueve, y la lluvia me arrebata todo aquello a lo que le encontraba algún sentido. Incluso cuando pareces odiarme por ser como soy, por ser de esta manera. Incluso cuando sé que le coges la mano a ella ofreciéndole todo lo que tienes en ti.
Incluso así, sigo queriéndote.
Pero hoy no estoy triste, ni voy a estarlo porque te siga queriendo como jamás había querido antes, ni tampoco al oír tu voz, ni mucho menos cuando le robo tiempo al tiempo para poder soñar contigo y cuando a la noche le faltan horas para poder pensar en ti. Ni cuando el último suspiro de aire parece llevar tu nombre, mientras éste se lo lleva y lo aparta lejos de mí. Aún así, aún así te seguiré queriendo.

 

 

Ronald Betancourt, 34 años, Maracay, Venezuela

25 de junio de 2004

AL DORMIR

Para ti, Lissette

Al Dormir.

Al dormir a tu lado siento un vacío enorme, al observar cómo te duermes en miles de ocasiones sin un beso de buenas noches... arropada hasta la cabeza escondes tu lindo cuerpo para que no te pueda ver y mis deseos se esfumen... tu gran indiferencia me destruye, me acongoja, y extermina mi sueño... Sabes que te deseo profundamente y eso no te importa en lo absoluto... tanto es asi que pasamos hasta tres meses sin hacer el amor y eso para ti sólo significa discordia cuando solapado te pido que seas mía... Tu semblante cambia cuando manifiesto mi angustia de no saber qué es lo que te ocurre... ya no eres la misma y cada día me convenzo más de que tu amor por mí se ha apagado... escondes tu pasión detrás de algo que desconozco y las dudas me arropan, me destruyen y me roban el sueño... Te alejas de mí de una manera dolorosa... No sé por qué no te sinceras conmigo, es mejor un dolor de inmediato que vivir con la duda de saber si es que muy dentro de ti amas o perteneces a otra persona que no soy yo... Estoy en mis mejores años en las que un hombre se siente mas activo, más maduro y más consciente de sus acciones... muy dentro de ti sabes que he hecho un esfuerzo enorme en complacerte y en comprenderte... es mi lucha personal tratar de lograr que me quieras sólo un poco mas de lo poco que me das... Si tan solo te dieras cuenta de que te amo con lo mas profundo de mi alma no me harías el daño que consciente o inconscientemente me haces... En ti queda solo reconocer tus errores y rectificar, no para mí porque creo que tu amor ya se apagó... sino para las personas que el futuro te depare, no quiero que fracases con otra persona, quiero que esta experiencia de vida te sirva de patrón para comprender lo difícil y complicado que es la vida en pareja... Sé feliz y no mires hacia atras...no sigas cargando mis penas si es que lo haces... no me hieras más y sé sincera, sólo asi podrás de nuevo retomar la senda del amor...

Por siempre cariños.


Ronald betancourt

 2003

 

HABLA CON ELLA

Wendy, 22 años, Nuncajamás

6 de junio de 2003


Para ti que conoces el sufrimiento de las noches solitarias y mojadas de llantos. Comparto la historia de aquella muchacha que tanto quieres. Te voy a contar qué pasó con ella. Te voy a contar por qué ha cambiado, pese a que sé que nunca vas a leer esta carta.

Todo empezó cuando  la miré después de tiempo. No había podido encontrar en sus ojos el encanto de otras veces. Ya no sabía sonreír con ellos. Lo había olvidado.

El alma estaba apergaminada, tal vez por sus innumerables recorridos, y estaba perdiendo la memoria. En la última época había envejecido, aunque seguía siendo una niña (a veces se avergonzaba de ello, sin palabras, claro está), pero la piel no importa si el alma está bien. Sin embargo en este caso, no estaba.

Había aprendido a actuar para no mostrar lo que realmente sentía. Era algo difícil al principio. Poco a poco le fue más fácil. La verdad es que lo hacía con la mejor de las intenciones: evitarle el sufrimiento a sus seres queridos.

Gané su confianza y logré que me contara.
El proceso era algo complicado. Primero había que reunir todas las emociones cercanas al llanto, la tristeza, la melancolía o a la depresión. Lo siguiente era comprimirlas para que ocuparan menos campo en la memoria, en el corazón y  en el cuerpo. Una vez realizados esos pasos, era necesario inventarse una sonrisa para disimular el dolor de haber mezclado y encogido tanto sentimiento. Eso ayudaba. La sonrisa casi siempre mejoraba el ánimo.

Los músculos suelen resentirse si uno no sonríe con frecuencia. El disimule sale algo fingido. Conviene darse unos masajes ligeros alrededor de las comisuras. Luego se debe sonreir y volver a la neutralidad de costumbre, varias veces, seguidas y a escondidas. Es más un ejercicio que ha de practicarse en los ratos de ocio. Eso asegura la verosimilitud de la sonrisa.

Ya con la sonrisa en los labios, es más fácil. La gente cree que estás feliz. Era cierto, a ella se lo creían. Además, tenía todo para ser feliz. Pero esa palabrita es tan ambigua, tan signo cero... tan indefinible... o con tantas definiciones como personas en el planeta. De todas maneras, ella no era feliz. Era desdichada, desgraciada, un manojo de melancolía y de emociones encontradas. Sí, porque llega un momento en que te llegas a creer tu propia mentira. Entonces ya no sabes qué es lo que realmente sucede.

Y a todo eso, llega el llanto que se escurre por los ojos con cualquier excusa. Basuritas, viento, un bebé hermosísimo, una mujer que se muere bajo la nieve después de haber dormido en la calle... y finalmente en la soledad, no se necesitan excusas, simplemente salen las lágrimas y el dolor ahogado flota hacia fuera, oprimiendo el pecho, de tan grande que es. Y se quiere gemir, pero cuesta, porque alguien podría escuchar, porque se insiste en no preocupar a los otros. Porque si los gemidos suenan, los otros, los que no la quieren, podrían alegrarse de su mal momento. Nada sería más humillante. La descubrirían débil.

La nueva técnica aprendida es llorar hacia adentro. Sufrir sola, con los llantos que mojan los órganos llenos de sangre, los pulmones, los riñones, intestinos, el corazón... Todavía no se conocen los efectos, pues la ha adoptado hace muy poco. En cuanto a la técnica en sí misma, es más difícil que la otra. Es algo instintiva y por lo tanto casi imposible de explicar. Ya no hay sonrisa, tal vez alguna muy leve cuando se cae en la debilidad y alguien está a punto de darse cuenta de la situación. Por lo general se pone mirada de sordo, y se va uno a navegar en su propio llanto.

No se lo ha dicho a nadie más. Pero creo que es necesario que otros lo sepan. Tal vez sienten lo mismo. Quizás ella no es la única, ¿qué crees?
Yo la quiero mucho y no quiero que sufra más. Sé (espero) que tú tampoco. Habla con ella, por favor. Se está muriendo. Ya se está marchitando, no quiero verla tendida e inerte. Ayúdala.
Espero que nos encontremos pronto. Me hubiera gustado decirte estas cosas de frente.

 

NO TE CONOZCO. NO ME CONOCES

Manuel, 38 años, Madrid, España

11 de junio de 2003

 

Hoy 4 de Julio, te escribo una carta que jamás te enviaré. La fecha es sólo una excusa, siempre hay algo que celebrar o algo de lo que lamentarse en este mundo cargado de vidas.

Pienso en los últimos meses de la mía y me doy cuenta de que todos los buenos momentos que vives acaban cobrándose su precio en un dolor de la misma intensidad. No me quejo de nada, no me arrepiento de nada, sólo me entristece que todo degenere en la forma más estúpida de todas las posibles: la indiferencia.

Creo que ninguno de los dos se merece enfrentarse a la tristeza de ver como los sentimientos se van llenando de fango hasta desaparecer entre telarañas de abandono. En todas las vidas existe un punto de inflexión, un momento en el que las brújulas giran como locas y se produce un giro tan tremendo que es imposible de controlar conscientemente. Casi siempre nos damos cuenta demasiado tarde y, a veces, ni siquiera eso; un dolor agudo nos machaca el estómago y el subconsciente sin que sepamos la causa. Los dos sabemos que en nuestra historia ese punto ya se produjo hace meses, desde entonces hasta ahora hemos estado luchando contra fantasmas, y en ese tipo de batallas las armas no sirven para nada, son luchas perdidas de antemano.

Intento seguir mi propia terapia, y para ello recurro a los recuerdos, que son algo así como "el último refugio", el lugar a donde acudes cuando todo está perdido para buscar una explicación a tanto absurdo, pero ni siquiera allí encuentro nada. El pasado está vacío cuando lo miras desde un prisma diferente al que le daba sentido en su momento. Los recuerdos, como las fotografíias, acaban amarillentos con el tiempo y llega un instante en el que ya no reconoces caras, ni lugares, ni sensaciones. Todo se diluye. Todo cambia... por fortuna.

Y mis recuerdos me llevan al Jardín Botánico, o a "La Nave" en aquellos días en los que jugábamos a intuirnos, a fabricarnos recíprocamente el modelo de persona que perseguíamos. Los días en que te confesaba mi miedo a perderte cuando ni siquiera te había encontrado del todo. Quería emborracharme de ti,  rápidamente, me encantaba lo que estaba comenzando a descubrir: las reflexiones escritas en tu cuaderno que leíamos juntos en "La Nave", nuestras charlas durante los paseos por Madrid, los primeros besos... la química humana en su máxima expresión.

Yo te conozco. Tú me conoces. Somos unos completos desconocidos. Una vez borracho, no reconoces nada: pupilas dilatadas, perdida de la sensación espacio-temporal, percepción limitada de tu propia realidad, sublimación del otro... ¿Demasiado duro? El proceso químico en el cerebro es tan fuerte que el amor puede convertirse en la peor de las drogas, crea dependencia, y cualquier dependencia te esclaviza, te anula... pero es una dependencia tan maravillosa.
La resaca es la más dura de las consecuencias. Esa sensación de angustia en la que maldices mil veces todo lo que bebiste la noche anterior, en la que te ves como realmente eres. Y es durante esa resaca cuando te juras y perjuras que nunca más, cuando niegas todo lo que dijiste durante tu borrachera y te ves a ti mismo, destrozado, con los ojos hinchados, la garganta seca, la voz ronca, la cabeza como un enjambre de avispas; y odias la bebida. No te quieres a ti mismo, por lo tanto no puedes amar a nadie. Siempre encontramos algún recurso fácil para justificar nuestros errores.

Lo que ocurre luego es bastante fácil de intuir: te duele cada minuto de tu vida perdido, cada cosa nunca hecha, cada persona jamás conocida, cada palabra nunca dicha, cada faceta de tu personalidad que el otro nunca te dejó desarrollar. El amor se convierte en una trampa. No te conozco. No me conoces.

Tienes miedo a venir. Tengo miedo de volver a verte, miedo a que una "desconocida" comparta mi vida. Sin embargo nos aferramos a nuestro viaje como náufragos a la única tabla en mitad de un mar lleno de tiburones. Los dos sabemos que esta línea se ha bifurcado en dos direcciones completamente distintas. Cada vez que nos encontremos, (y presiento que éste verano puede ser la última), estaremos más alejados, y, gracias a la lucidez que te aporta el hecho de haber fracasado estrepitosamente, llegaremos por fin a entender la distancia que nos separa, que nos ha separado siempre.

Madrid, 4 de Julio de 1993

 

2002 

Jani, 29 años, (Canadá)

1 de junio de 2002

POR FIN AFLOJAS

¡Por fin aflojas!

A veces en la vida pareciera que el tiempo o un poquito de paciencia resuelve todos los problemas, aunque no siempre es así, por fin aflojas.

Ángel mi vida qué sorpresa tan grande me diste ayer por la noche, ya no sabía dónde poner la copa que se derramaba por días extrañándote, amor mío tu llamada fue una grata sorpresa la verdad es que no la esperaba, es más pensé que lloraría todo el fin de semana desesperada sin entender el porqué de tantas cosas.

Gracias por llamarme y gracias por demostrarme que a ti si te interesa esta relación, perdóname si no te pude comprender, perdóname si no quise aceptar tu silencio y esta situación.

Lamento saber que regresaste tu celular, siento mucho que tengas que pagar el gasto quizás fui injusta al no aceptar tanto tiempo sin saber de ti amor, me dejé llevar por el amor y tú como siempre tan cauteloso con el dinero y el gasto por eso te amo tanto sé que para el dinero eres inteligente.

Amor me dices que ya tienes línea en tu cuarto, eso si es progreso, ah y me dices que deseas conectarte como sea por Internet para estar conmigo, eso si será divertido puesto que no sabes usar el teclado, pero sé que te gustará así como me gusta a mí, mi sueño sería hacer un sitio donde viva nuestro amor y todas nuestras cartas, nuestras fotos y si el tiempo lo permite editar el libro que carga nuestra vida juntos y nuestro amor que si el mundo lo supiera es una telenovela.

Te amo Ángel, y te amo más cuando te veo luchar por nuestro amor sin que yo te lo pida, eso me hace sentir segura y me dice que no estoy sola, que caminamos lento pero juntos de la mano.

¡Gracias por todo mi cielo! y sobre todo por aflojar.

Te ama, tu amapola.

 

 

Rebeca Flores, México D.F. (México)

3 de junio de 2002

FRUTERÍA EL DESEO

 

Frutería El Deseo


Aquella tarde me dijiste: mujer,
la sandía es un sol caído en la tierra
uno lo recoge y lo abre a cuchillo
y le sangra en las manos rayos de azúcar
y deja sonrisas de agua
sabores de otro firmamento.

La sandía es una tarde en Juchitán
y entonces te bebo en agua, en rojo,
en azúcar
y entonces sonrío fruta.
 
La caricia como la sandía
es un rocío inmenso
un abrirse con tu amorosa quemadura.

 

Eli, 26 años, Guadalajara (España)

14 de junio de 2002

UN JARDÍN DE NOMEOLVIDES

 

Pensando en ti, enredando tu imagen con lo compartido para  hacerte presente, en mi mente, en mi espacio vacío...  en sueños donde te abrazo sin abrazarte. Divagan mis pensamientos en el caminar de mi existencia efímera. Sólo cánticos de golondrinas y murmullos de voces del pasado han venido a  acompañarme. Camino, y tu sombra se une a mi caminar, te hablo y tu silencio cierra el verso de mis labios y aprendo a amarte en el silencio húmedo de mi llanto.

A mi izquierda, cuando cae la noche y reposan  mis huesos cansados de este viaje, te siento respirar. Yo, a tu derecha, pensando en ti, tú, distante, silente. En tus pensamientos atas y enmarañas otros mundos, otros nombres, otros labios, otros besos. Yo, con deseos de besarte, tocarte, fundirme en ti en un abrazo, morir en tu vientre.

Amanece, y tu diáfana y larga sombra se me ha perdido entre arbustos de recuerdos, a lo lejos rompen tus pasos las secas hojas  olvidadas de este invierno que la primavera no quiso llevarse, así, como el tiempo no quiso arrastrar con él tus recuerdos. Tú, pendes de ellos, yo de tu sombra, de un papel. Desgarrando lo vivido para no caer contigo en el abismo.

Cansada de caminar quiero plantar en tu corazón un jardín de nomeolvides y descansar en ellos contigo en ti. 

Pensando... Amando a quien no me ama. 

 

 

Wendy, 29 años, Barcelona (España)

25 de junio de 2002

ME QUEDÉ, ENTRE LAS NIEVES

 

Aun no sé si esto es verdadero. Empezó como un divertimento, como la forma única de alejarme de una vieja historia, que me estaba haciendo ya demasiado daño. Te inventé. Te creé partiendo de una base que no era todo lo sólida que debía haber sido. Pero llegaste a mí. Abriste tu corazón cuando menos lo esperaba. Y me enamoré. Me enamoré de ti a medida que fluían tus palabras. Me enamoraste mientras describías lo que sentías, lo que sentías por ella. Tenías otro amor. Un amor tan imposible como el mío por ti. Intenté entonces alejarme, como se alejan los pájaros en invierno del frío. Pero no pude. Y me quedé, entre las nieves, aun a riesgo de morir congelada. Para ver, así, si se helaría también mi sentimiento. Pero no hizo otra cosa que crecer. Y ha vuelto el verano y no quiero seguir queriéndote. No seas bueno conmigo. No me cuides. No te dejes querer. Porque eso me duele. No seas indiferente. No me ignores. No hagas como que no existo. Me estoy contradiciendo. ¿Y qué? Tú no me amas.

 

2001  

Te busco en los paisajes de tus sueños

Alphazul, 23 años 

 (Costa Rica) 11 de junio de 2001

 

Que ironía, todo este chiste mal contado que llamamos vida no es tan malo sólo que está mal contado sólo con el tiempo podrás entenderlo y morirte de la risa.

Hace tanto que quiero tocarte, sí a ti a quien sueño, alguna vez me dije que ¿tan difícil puede ser conseguir alguien que realmente me quiera? ¡La vida se encargó de responderme...! Ese alguien algunas veces creo que sólo está en mi imaginación, ya estoy cansándome de darme de tropiezos, sabes ya no soy un niño y las cosas no son tan de juego, los sueños ya no son reales y tangibles. Es por eso que quería escribirte a ti nadie, donde quieras que estés quiero que sepas que ya te amo ya te deseo ya estás en mi corazón, sólo faltas tú, pequeño detalle, casi nada y todo.
 
Dicen que el fracaso es no conseguir tus metas cualesquiera que sean.
Si es así, a estas alturas de mi vida he fracasado rotundamente, no pude hasta el día de hoy conseguir ese nadie que me haga feliz.

Creo que me estoy rindiendo de luchar con el aire, de buscarte debajo de las piedras, de sangrar, de esperar, descansar y seguir buscando, y nuevamente hacerlo. Realmente deseo verte, besarte, tocarte, decirte lo mucho que te amo lo mucho que te he buscado y el montón que te he esperado. Perdóname por disfrazarte de tantas caras de tantos cuerpos en tantos sueños. Si puedes perdonarme me esconderé aquí justo dentro de mí porque de tanto fallar ya mi corazón perdió la fe y mi alma ya no quiere buscar y mis ojos ven todo menos tú, creo estaré aquí lejos de ti pero seguro de que no seré lastimado que no volverá ningún disfraz de lo que mi mente alucina, nadie volverá a hacerme daño, me pregunto si vale la pena sufrir tanto por algo que no sé si es real.

Llámame, escríbeme, grítame, muérdeme mátame, pero hazme saber que existes.
Pienso mucho en ella SM si yo sé pero y si me equivoco si de nuevo te pongo un disfraz y si no te reconozco si...
Creo que me doy miedo tanta tristeza en una sola persona es igual a tanta soledad.

Me mantendré despierto para verte, sólo dime que estás allí y que esperas por mí, que también me deseas que hasta me has visto pasar mientras te busco en los paisajes de tus sueños, sólo hazme saber que todo estará bien, dime que existes realmente, dime algo o déjame morir con un lindo sueño que eres tú.

 

 

Índice de Cartas Archivadas

Cartas imposibles de otros eneros

Cartas imposibles de otros febreros

Cartas imposibles de otros marzos

Cartas imposibles de otros abriles

Cartas imposibles de otros mayos

Cartas imposibles de otros junios Cartas imposibles de otros julios Cartas imposibles de otros agostos

Cartas imposibles de otros septiembres

Cartas imposibles de otros octubres

Cartas imposibles de otros noviembres

Cartas imposibles de otros diciembres

(Índice de Cartas Imposibles)

 

PROHIBIDA LA REPRODUCCIÓN TOTAL O PARCIAL DE LOS TEXTOS.

Copyright © 2000-2008 [B. A. A.]. Reservados todos los derechos.

 

(Página Principal)

Página diseñada y realizada por Beatriz Alonso Aranzábal